domingo, 9 de junio de 2024

Escritura Automá[crí]tica XLV

                                                                     ANIQUILACIÓN

Ahora que arrecían lluvias de series televisivas provenientes de todos los países, o de casi todos, caigo en la cuenta, primero, de que hubo un tiempo en el que sólo se emitían, por entonces por el único medio audiovisual existente, series americanas (llegamos a conocer las calles de San Francisco como las de nuestra ciudad sino mejor) y, segundo, de que ademas de por las historias yo estaba interesado por otros aspectos de esas historias.
En casi todas la series hay una trama, una historia, una intriga, unos personajes a los que vemos comportarse. Pero también hay otras cosas que corren paralelas a la acción: el modo como lo hacen, el “modus vivendi” y donde, sus casas, los paisajes, los autos, la manera en que organizan la convivencia social, en pueblos, en condados, como se organizan políticamente, sus sexualidad, sus alimentos.
Ahora soy consciente. Uno se hace consciente muchas veces de algo, cuando ese algo está en peligro de desaparición.
Ahora que las series americanas me aburren tanto como las españolas, ahora que conozco tan bien una sociedad como la otra, pues en una nací y la otra la he aprendido durante más de cincuenta años de contemplación, ahora veo series nórdicas, polacas, alemana, hindúes, australianas, en las que las historias me interesan mínimamente pero me resultan interesantes las sociedades que asoman en cada una de ellas: Los paisajes, sus coches, sus oficinas de policía, sus tiendas, cafeterías, bares, como se enamoran, como se matan, se casan, se aburren… y aprovecho.
Llegará un tiempo en que la uniformidad de las modas y las costumbres acabará con la diversidad, se ve venir, y sólo nos quedará la geografía.
Cuando también la geografía, fruto de la contaminación desoladora que no cesa, sea uniforme, la monotonía planetaria será aniquiladora.
Un vertedero en el que reflejarse el azul del cielo ya no será cotidiano.
Inteligentes, porque lo somos, e incapaces de torcer nuestro destino a pesar de las evidencias palpables, no habremos opuesto a nuestra extinción más resistencia que los dinosaurios o el unicornio.

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